IDIOSINCRACIA EN MEXICO

Por Baltasar Hernández Gómez
PARRAFO 1
La idiosincrasia no se puede
definir como la forma superficial en que los individuos muestran sus rasgos en
un territorio determinado, sino por la connotación de las características
pensamentales y actitudinales que los constituyen, de acuerdo a nacionalidad,
status, gustos, costumbres sociales, historia y cotidianeidad. En México existe
una idiosincrasia sui generis que puede ejemplificarse con la siguiente
anécdota: un hombre ubicado en un estanque observa cómo circula un torrente de
agua y no hace nada para evitar inundación, sólo hasta el momento en que su
cuerpo casi es anegado. Dicho carácter “nacional” es reminiscencia de un
mestizaje comprendido solamente en la dermis, pero que no es identificado como
parte intrínseca a su conformación humana y social. El hoy es para vivir. El
mañana para planear, pero como se vive en el hoy todos los días no existe la
seguridad de mañanas seguros.
PARRAFO 2
Los mexicanos nos ponemos máscaras.
No nos rajamos, es decir, no abrimos las compuertas internas para sacar a flote
potencialidades, inquietudes, proyectos y caracteres de ser auténticos. Tememos
a la muerte, pero la festejamos con jolgorio cada vez que enfrentamos una
situación atípica(1). Somos temerarios, pero nos sujetamos al sistema de vida
prevaleciente creyendo ser leales a la bandera, constitución y catolicismo,
pero aún más, nos vestimos con ropajes prehispánicos ataviados con accesorios
confeccionados por Dior, Chanel, Boss o Versace. En pleno siglo XXI no acabamos
de entender la conquista, independencia, reforma y revolución, pues creemos ser
únicos, pero sin definición.
PARRAFO 3
Cada inicio de año nuevo la lista
de promesas se llena con buenos propósitos, pues los mexicanos, enfundados en
ropa interior roja o amarilla, prometemos bajar de peso, llegar puntual a las
citas, respetar el derecho ajeno, no ser bravucones, fumar y tomar alcohol en
menor cantidad y ser buenos padres, hijos, hermanos, pareja y amigos de los
demás. Al paso del tiempo dichas intenciones pasan a ser un nuevo inventario a
futuro, porque es imposible cumplirlas en el corto plazo. Aunque parezca cosa
trivial, este estilo de ser y estar se traslada al plano social, económico y
político, permeando las actividades que llevan a cabo gobiernos, legisladores,
líderes públicos y empresariales, partidos políticos, jueces, estudiantes,
profesores, trabajadores, profesionistas e intelectuales; lo cual fusiona
elementos perjudiciales que obstaculizan la construcción de un país sustentable
y armónico.
PARRAFO 4
Será mañana, te juro por la virgen,
mi abuela se murió, el tráfico estaba insoportable, después te pago y prometo
cambiar, son sólo algunas frases del breviario que los mexicanos transmitimos o
recibimos de los demás, para ocultar indisciplina, irresponsabilidad e
ineficacia. Así somos, alcanzan a musitar muchas bocas anónimas en medio del
desorden para cumplir o hacer cumplir un objetivo de vida, pero esto no puede
ser una justificación. La verdad es que existe la arraigada creencia de que
dicha “naturaleza” es de origen hereditario, sin embargo, ésta no es -por
ningún motivo- una situación insalvable aunque quiera asumirse como ADN
imposible de modificar.
Si tal situación se quedara en los
límites personales, los daños serían una sumatoria de conflictos constreñidos,
pero como se traspola al ámbito general, la nación sufre de graves
consecuencias en lo referente a la definición de proyectos sólidos de gobierno
a largo plazo y con sustentabilidad probada, para que sus 112 millones de
habitantes transiten sobre los rieles de un desarrollo integral, tanto en
justicia, equidad, libertad, economía sana y armonía social y política.
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